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"LOS MISIONEROS LAICOS DE JESUS Y MARIA" es una asociación privada de fieles de ámbito internacional. Los miembros pertenecientes a este Movimiento viven insertos en el mundo, es decir, en las condiciones ordinarias de la vida matrimonial, familiar y social, participando del espíritu y estilo de vida de la OBRA MISIONERA DE JESUS Y MARIA, pero sobretodo, buscando la perfección cristiana.

Nuestra Sede principal la tenemos en Bogotá D.C (Colombia). Carrera 92 # 150 A-96 SUBA.

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PENTECOSTÉS 2018

Frutos del Espíritu Santo


LOS 7 DONES DEL ESPÍRITU SANTO

Evangelio del día

Miércoles de la undécima semana del Tiempo Ordinario

Carta II de San Pablo a los Corintios 9,6-11.
Sepan que el que siembra mezquinamente, tendrá una cosecha muy pobre; en cambio, el que siembra con generosidad, cosechará abundantemente.
Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su corazón, no de mala gana o por la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría.
Por otra parte, Dios tiene poder para colmarlos de todos sus dones, a fin de que siempre tengan lo que les hace falta, y aún les sobre para hacer toda clase de buenas obras.
Como dice la Escritura: El justo ha prodigado sus bienes: dio a los pobres y su justicia permanece eternamente.
El que da al agricultor la semilla y el pan que lo alimenta, también les dará a ustedes la semilla en abundancia, y hará crecer los frutos de su justicia.
Así, serán colmados de riquezas y podrán dar con toda generosidad; y esa generosidad, por intermedio nuestro, se transformará en acciones de gracias a Dios.


Salmo 112(111),1-2.3-4.9.
Feliz el hombre que teme al Señor
y se complace en sus mandamientos.
Su descendencia será fuerte en la tierra:
la posteridad de los justos es bendecida.

En su casa habrá abundancia y riqueza,
generosidad permanecerá para siempre.
Para los buenos brilla una luz en las tinieblas:
es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo.

Él da abundantemente a los pobres:
su generosidad permanecerá para siempre,
y alzará su frente con dignidad.



Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18.
Jesús dijo a sus discípulos:
Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha,
para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.


COMENTARIO DEL DÍA

     Todo se hace uno para los que han llegado a la profunda unidad de la vida divina: el descanso y la acción, contemplar y actuar, callarse y hablar, escuchar y abrirse, recibir el don de Dios y devolver el amor a raudales en la acción de gracias y la alabanza... Nos es necesario escuchar en silencio durante largas horas, dejar que la palabra de Dios nos penetre y desarrolle en nosotros hasta que nos mueva a alabar a Dios tanto en la oración como en el trabajo. Nos son necesarias también las formas tradicionales, y debemos participar en el culto divino tal como lo ordena la Iglesia para que nuestra vida interior se desvele, permanezca en el recto camino y encuentre la forma de expresión que le conviene. La solemne alabanza de Dios debe tener sobre la tierra sus santuarios para que se pueda celebrar con toda la perfección que los hombres son capaces. Desde allí, en nombre de la santa Iglesia, sube al cielo, actúa sobre todos sus miembros, los despierta a vivir su vida interior y estimula su esfuerzo fraternal. Pero para que este canto de alabanza sea vivificado desde el interior, es necesario que en estos lugares de oración haya también tiempos reservados a profundizar espiritualmente en el silencio; si no fuere así, esta alabanza degeneraría en un balbuceo de los labios despojado de vida. Es gracias a estos hogares de vida interior que este peligro queda atrás; las almas pueden, en ellos, meditar delante de Dios en el silencio y la soledad, para ser en el corazón de la Iglesia los cantores del amor que todo lo vivifica.

    evangeliodeldia.org

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